El cáncer de pulmón es el tipo de cáncer con mayor incidencia (13%) y mayor índice de mortalidad a nivel mundial. Entre sus causas principales, se encuentran la inhalación de fibras de amianto (cristales que se usan como aislante en la construcción), la exposición al radón (gas presente de forma natural en determinados suelos y rocas) y la predisposición genética. Sin embargo, la que está considerada como causa principal es el tabaquismo, pues el humo del tabaco daña las células de los pulmones y las hace crecer de manera anormal. La exposición regular al humo de cigarrillos puede aumentar el riesgo de sufrir cáncer de pulmón incluso cuando se es fumador pasivo. Se calcula que entre el 80 y el 90% de los cánceres de pulmón se desarrollan en fumadores o en personas que han dejado de fumar hace poco tiempo.

Es evidente, pues, que la mejor prevención contra la enfermedad es dejar de fumar. De hecho, para que el riesgo de tener cáncer de pulmón de un exfumador se iguale al de una persona no fumadora, tienen que transcurrir 15 años. Por otra parte, la detección temprana del cáncer favorece mucho su curación. Por eso, es importante ir al médico para pasar exámenes físicos y pruebas de detección si se sufren síntomas como dolor constante en el pecho, tos que no desaparece, inflamación del cuello, fatiga o pérdida de peso y de apetito.